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JACA. Carles Ibáñez, biólogo y
miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua y de SEO-Birdlife,
alerta sobre el peligro que constituye para el Delta del
Ebro, en cuyo ecosistema es especialista, la ampliación del
regadío. “Es tanto o más catastrófica que el trasvase. Nos
hemos quitado la amenaza de éste, pero continúa la de la
ampliación del regadío en toda la cuenca del Ebro, con los
embalses a que va asociada”, algo que no sólo mermará los
necesarios aportes de sedimentos que el Delta necesita para
su supervivencia, sino que además conllevará un descenso
notorio en la calidad de agua, al llevar ésta más nitratos,
fósforo o plaguicidas.
Carles Ibáñez, que colabora con
la Asociación Río Aragón en la difusión de alternativas que
eviten el recrecimiento del embalse de Yesa, asegura que
“todo lo que se hace en la cuenca del Ebro afecta al Delta.
Hemos luchado de forma unida con Aragón contra el trasvase,
y sigue existiendo un vínculo muy fuerte entre las Terres de
l’Ebre y las movilizaciones del Pirineo a favor de una nueva
cultura del agua y una alternativa a los grandes embalses”.
Esto responde “a una coherencia personal, pero también
técnica”, ya que el Delta existe “gracias al Ebro, a su
aporte de agua y sedimentos”.
Aunque en su día “fue
prioritario lograr la derogación del trasvase porque era la
agresión más inmediata, siempre hemos insistido, porque
además es demostrable con números, en la amenaza de la
extensión de regadíos y lo que conlleva con la construcción
de embalses”. Esto representa “en términos de cantidad y
calidad de agua, una agresión incluso mayor que la del
propio trasvase para el tramo final del Ebro”, ya que
implica “un consumo de agua, en escenarios de 400 ó 500 mil
hectáreas, superior al propio trasvase, además de un
importante deterioro de la calidad del agua, como ya
reconoció el PP, sobre todo por el aumento de la salinidad
en el Delta, que cifró en un 60 por ciento”. El agua pasaría
a ser “inservible” o, en todo caso, “carísima de potabilizar
para los regadíos ya existentes.
Unos cultivos, como el arroz o
los cítricos, no resistirían esa salinidad, y no tiene
sentido crear nuevos regadíos y destruir otros ya
existentes”. Si el aumento de la salinidad es grave, no lo
es menos el que habría de nitratos, fósforo o plaguicidas.
“Si además hay menos agua, todavía se concentrará más esa
contaminación e iremos a un escenario completamente
diferente al que en exige la Directiva Marco de Aguas, que
es un escenario de recuperaciones en calidad y de
mantenimiento de unos regímenes hidrológicos adecuados para
el río y el Delta en la zona marina de influencia”. Esto lo
contempla la citada Directiva, pero también la ley del Plan
Hidrológico y la disposición adicional décima referente al
Plan Integral del Delta del Ebro (PIDE), que no se ha
derogado con el nuevo gobierno. “De hecho, se está
anunciando la transformación del Consorcio del PIDE en un
Consorcio para la Sostenibilidad del Ebro en Cataluña, cuyo
objetivo fundamental será mantener el Delta en buen estado”.
Luisa PUEYO |