Opinión
Diario del AltoAragón, 15-VI-2003
Carles Ibáñez, miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua
'Todo lo que se hace en la cuenca del Ebro afecta al Delta'
 

Carles Ibáñez, biólogo y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua y de SEO-Birdlife, alerta sobre el peligro que constituye para el Delta del Ebro, en cuyo ecosistema es especialista, la ampliación del regadío. “Es tanto o más catastrófica que el trasvase. Nos hemos quitado la amenaza de éste, pero continúa la de la ampliación del regadío en toda la cuenca del Ebro, con los embalses a que va asociada”, algo que mermará los aportes de sedimentos del Delta y conllevará un descenso notorio en la calidad de agua.
 
JACA. Carles Ibáñez, biólogo y miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua y de SEO-Birdlife, alerta sobre el peligro que constituye para el Delta del Ebro, en cuyo ecosistema es especialista, la ampliación del regadío. “Es tanto o más catastrófica que el trasvase. Nos hemos quitado la amenaza de éste, pero continúa la de la ampliación del regadío en toda la cuenca del Ebro, con los embalses a que va asociada”, algo que no sólo mermará los necesarios aportes de sedimentos que el Delta necesita para su supervivencia, sino que además conllevará un descenso notorio en la calidad de agua, al llevar ésta más nitratos, fósforo o plaguicidas.

Carles Ibáñez, que colabora con la Asociación Río Aragón en la difusión de alternativas que eviten el recrecimiento del embalse de Yesa, asegura que “todo lo que se hace en la cuenca del Ebro afecta al Delta. Hemos luchado de forma unida con Aragón contra el trasvase, y sigue existiendo un vínculo muy fuerte entre las Terres de l’Ebre y las movilizaciones del Pirineo a favor de una nueva cultura del agua y una alternativa a los grandes embalses”. Esto responde “a una coherencia personal, pero también técnica”, ya que el Delta existe “gracias al Ebro, a su aporte de agua y sedimentos”.

Aunque en su día “fue prioritario lograr la derogación del trasvase porque era la agresión más inmediata, siempre hemos insistido, porque además es demostrable con números, en la amenaza de la extensión de regadíos y lo que conlleva con la construcción de embalses”. Esto representa “en términos de cantidad y calidad de agua, una agresión incluso mayor que la del propio trasvase para el tramo final del Ebro”, ya que implica “un consumo de agua, en escenarios de 400 ó 500 mil hectáreas, superior al propio trasvase, además de un importante deterioro de la calidad del agua, como ya reconoció el PP, sobre todo por el aumento de la salinidad en el Delta, que cifró en un 60 por ciento”. El agua pasaría a ser “inservible” o, en todo caso, “carísima de potabilizar para los regadíos ya existentes.

Unos cultivos, como el arroz o los cítricos, no resistirían esa salinidad, y no tiene sentido crear nuevos regadíos y destruir otros ya existentes”. Si el aumento de la salinidad es grave, no lo es menos el que habría de nitratos, fósforo o plaguicidas. “Si además hay menos agua, todavía se concentrará más esa contaminación e iremos a un escenario completamente diferente al que en exige la Directiva Marco de Aguas, que es un escenario de recuperaciones en calidad y de mantenimiento de unos regímenes hidrológicos adecuados para el río y el Delta en la zona marina de influencia”. Esto lo contempla la citada Directiva, pero también la ley del Plan Hidrológico y la disposición adicional décima referente al Plan Integral del Delta del Ebro (PIDE), que no se ha derogado con el nuevo gobierno. “De hecho, se está anunciando la transformación del Consorcio del PIDE en un Consorcio para la Sostenibilidad del Ebro en Cataluña, cuyo objetivo fundamental será mantener el Delta en buen estado”.

Luisa PUEYO

Asociación Río Aragón-COAGRET