Opinión

YesaNo.com, 8-III-2007

Un sueño

 Daniel Goñi

Yo no soy de Artieda, pero tengo un sueño.

En mi sueño bajo desde mi casa en Jaca al río Aragón y desciendo en canoa por sus aguas, rápidas pero amables, que me llevan río abajo. El soto es alto y a mi paso me sobrevuelan, salidas de los árboles, bandadas de garzas y aguiluchos y milanos y águilas y aguilillas y martines y miles más. En mi sueño cruzo las confluencias de los ríos Lubierre, Estarrún, Subordán, Veral, Esca...y sigo bajando.

Al pasar a la altura de Esco veo humo en la chaminera del albergue botánico. Es pronto, pero preparan ya la comida para los holandeses que fotografían orquídeas.

Llego hasta la confluencia del Regal que por mi izquierda viene con poca agua. Una pareja hace footing por el Camino de los Arrieros, bajo los álamos. Me saludan. Desde este punto, los álamos y los chopos crecidos apenas me dejan ver la fachada acristalada del balneario de Tiermas, justo antes de pasar bajo el puente que lo comunica con Ruesta.

El río baja ya muy tranquilo, trazando amplios meandros, y me tengo que esforzar más en remar que en sortear los rápidos.

Atraco la canoa junto al antiguo corral de Martínez, hoy convertido en centro de interpretación del parque cultural “Camino de Santiago - Río Aragón”. No muy lejos el valle se estrecha y empiezan los rápidos donde estaba la antigua presa de Yesa. Aún se pueden ver las ruinas. Este sitio me recuerda a Jánovas.

Es el año 2080, y desde que a principios de siglo derribaron la presa prácticamente todos los sedimentos finos han sido removidos por el río. La vega está llena de frutales y campos de cáñamo, que se usa en casi todas las construcciones. Hay casetas para las huertas y el paisaje es amable, aunque una densidad demasiado alta de tendidos eléctricos lo afea un poco.

Aprovecho el momento para darme un baño en el río Aragón. Salgo del agua empapado. Las gotas sobre mi piel son lágrimas: lágrimas antiguas, lágrimas con canas y arrugas, lágrimas de Parkinson y Alzheimer, lágrimas del siglo XX.

En mi sueño hay un sol que seca esas lágrimas. Un sol que brilla mientras el agua canta, salta y murmura en sus remolinos ecos de antiguas batallas, de pancartas y conciertos, de viajes y pegatinas, de las que ya casi nadie se acuerda.

Yo no soy de Artieda. Pero tengo un sueño.

 

Asociación Río Aragón-COAGRET